"CADA UNO DEBE ESTAR CONVENCIDO DE LO QUE CREE" (Rom.14, 5)
Convicción necesitamos antes que acción.
El Señor nos repite una y otra vez que la fe es capaz de hacer grandes cosas, que la fe mueve montañas, que lo que se pide con fe se obtiene. También nos dijo y nos dice que Él vino a traer fe y que está deseoso de que arda en el mundo entero.
y ¿Qué es la fe? ¿Qué es creer? ¿Por qué tanta insistencia de parte de Dios? ¿Por qué el ser humano necesita creer? ¿En qué nos favorece la fe?
Muchas preguntas y una sola respuesta: DIOS Y SOLO DIOS!
La fe es la capacidad donada por Dios para adherirnos incondicionalmente a su plan de amor, es la capacidad de unirnos a la voluntad de Dios, es la capacidad de dar una respuesta a Dios consecuente con lo que Él nos expresa y nos invita.
La fe supone creer en Dios y creerle a Dios. La fe solo sirve para unirse a Dios. Cuando el ser humano deposita su fe en cosas o personas, o expresa que cree en tal o cual cosa o persona, eso no se denomina fe, eso no es una expresión de fe, sino que es credulidad. Y para los cristianos, la credulidad es amiga de la mediocridad y la mediocridad no es apta para Dios, no es apta para dar una respuesta, no es apta para suponer una expresión de fe.
La credulidad no nos lleva a ningún lado, la credulidad lo único que puede hacer es darnos la satisfacción momentánea, procurarnos ratos de placer, nos hace vivir la irrealidad de las cosas y nos inventa situaciones ventajosas a corto plazo. En cambio la FE nos alienta a dar pasos seguros y firmes en el camino real que Dios nos plantea. la Fe nos asegura el obrar de Dios a nuestro favor, porque hemos depositado la confianza en AQUEL que no defrauda, en AQUEL que es autor de todo y a quien todo se le debe. La fe nos levanta en gloria y nos deja ver y experimentar la REALIDAD de dios y la realidad de nuestra vida orientada a Dios. La Fe nos capacita para vivir la felicidad, la que perdura, la que viene de Dios, la que se disfruta todo el tiempo a pesar de todo y contra todo, porque es real y es un don de Dios.
Entonces, debe quedarnos muy claro, que los cristianos, los hijos de Dios, todos y cada uno de nosotros que decimos amar y conocer a Dios, no podemos movernos por credulidad sino por fe. y para esto debemos estar convencidos, y para convencernos necesitamos formarnos, conocer, ya que nadie puede convencerse de algo que no sabe o no conoce.
Renovemos esta palabra que el Señor nos dice hoy, que cada uno debe estar convencido de lo que cree. Entonces daremos testimonio de lo que es Verdad, de un Dios lleno de amor y misericordia que cuida de nosotros, y en ese testimoniarlo iremos creciendo en virtud para su gloria. Si estamos convencidos de nuestra fe todo nos resultará poco en la respuesta al Señor. Si simplemente tenemos una credulidad entonces nuestra vida será mediocre y no convencerá a nadie que vale la pena seguir a Jesús. Amén!
Te invito a dedicarle tiempo a la lectura espiritual, es de gran provecho para el alma... ¡ANIMATE A LEER!
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lunes, 16 de septiembre de 2013
domingo, 15 de septiembre de 2013
MARÍA, MADRE DEL CRUCIFICADO
Junto a la Cruz de su Hijo la Madre sufriendo está... así nos dice una de las canciones Marianas que muchas veces hemos cantado. Pero no es simplemente una canción, es la realidad de la Madre de Dios, Madre del Crucificado, Madre de la entrega, Madre de la ofrenda, Madre de la Salvación que está en la cruz y su Nombre es Jesús.
Cada uno de nosotros conocemos el dolor, sabemos del sufrimiento, y lo palpamos cada momento con las situaciones que nos tocan, sin embargo, siempre escuchamos esta frase: No hay como el dolor de una madre al perder a su hijo.
Si nosotros mismos, en nuestra pequeñez, hemos llegado a formular esta frase, entonces podemos entender el dolor de María Santísima al ver a su Hijo en la cruz. Y verlo en la cruz, y participar de su muerte, y recibirlo muerto en sus brazos, y saber que todo eso que estaba pasando, todo eso que ella estaba viviendo, es voluntad de Dios.
¿Cómo habrá estado su corazón en ese momento? ¿Qué pasaría por su mente? Eso solo Dios y ella lo saben, pero tengo la certeza movida por el amor de madre que su frase tanto en la mente como en el corazón fue la misma que dijo desde el principio, desde el anuncio del ángel, donde ella unió su voluntad a la voluntad de Dios: HÁGASE! Aquí está tu servidora Señor...
Mirando a la Madre podemos entender que la Palabra de Dios es tan verdadera y real que nadie puede dudar de lo que Dios dice y de lo que Dios hace, y en ella podemos descubrir que jamás vamos a tener que pasar por pruebas que superen nuestras fuerzas.
Y no es que María, por ser ella, no tenia sentimientos o era totalmente inconmovible, sino que ella es nuestro perfecto modelo de que la voluntad de Dios nunca nos va a dañar, sino al contrario, lo que Dios dispone siempre es lo mejor, aunque nuestra naturaleza humana falta de comprensión se resienta.
María nos enseña que el dolor asumido y ofrecido genera salvación, nos muestra que podemos ser corredentores con Cristo si unimos nuestros sufrimientos a los sufrimientos de Él. Nos muestra que hay que cambiar las quejas por alabanzas, los enojos por aceptación y el llanto por cantos de alabanzas.
No es fácil vivir las propuestas de Dios, pero en María podemos ver claramente que la capacidad nos viene de Dios, que Dios colma de gracias para que podamos responder y que unidos a su santa voluntad todo lo podemos.
Marís nos muestra que la fidelidad de Dios es verdadera y que sus promesas se cumplen. Por esto es necesario disponernos y aceptar que Dios es Dios y que Él no se equivoca, que todo lo hace bien y que hasta lo que nos parece lo peor es fecundo a sus ojos y porque Él nos ama.
Unámonos a la Madre de Dios y a ella pidamosle, como mamita linda que es, que nos ayude con su poderosa intercesión a hacer siempre lo que Dios nos diga. Amén!
Cada uno de nosotros conocemos el dolor, sabemos del sufrimiento, y lo palpamos cada momento con las situaciones que nos tocan, sin embargo, siempre escuchamos esta frase: No hay como el dolor de una madre al perder a su hijo.
Si nosotros mismos, en nuestra pequeñez, hemos llegado a formular esta frase, entonces podemos entender el dolor de María Santísima al ver a su Hijo en la cruz. Y verlo en la cruz, y participar de su muerte, y recibirlo muerto en sus brazos, y saber que todo eso que estaba pasando, todo eso que ella estaba viviendo, es voluntad de Dios.
¿Cómo habrá estado su corazón en ese momento? ¿Qué pasaría por su mente? Eso solo Dios y ella lo saben, pero tengo la certeza movida por el amor de madre que su frase tanto en la mente como en el corazón fue la misma que dijo desde el principio, desde el anuncio del ángel, donde ella unió su voluntad a la voluntad de Dios: HÁGASE! Aquí está tu servidora Señor...
Mirando a la Madre podemos entender que la Palabra de Dios es tan verdadera y real que nadie puede dudar de lo que Dios dice y de lo que Dios hace, y en ella podemos descubrir que jamás vamos a tener que pasar por pruebas que superen nuestras fuerzas.
Y no es que María, por ser ella, no tenia sentimientos o era totalmente inconmovible, sino que ella es nuestro perfecto modelo de que la voluntad de Dios nunca nos va a dañar, sino al contrario, lo que Dios dispone siempre es lo mejor, aunque nuestra naturaleza humana falta de comprensión se resienta.
María nos enseña que el dolor asumido y ofrecido genera salvación, nos muestra que podemos ser corredentores con Cristo si unimos nuestros sufrimientos a los sufrimientos de Él. Nos muestra que hay que cambiar las quejas por alabanzas, los enojos por aceptación y el llanto por cantos de alabanzas.
No es fácil vivir las propuestas de Dios, pero en María podemos ver claramente que la capacidad nos viene de Dios, que Dios colma de gracias para que podamos responder y que unidos a su santa voluntad todo lo podemos.
Marís nos muestra que la fidelidad de Dios es verdadera y que sus promesas se cumplen. Por esto es necesario disponernos y aceptar que Dios es Dios y que Él no se equivoca, que todo lo hace bien y que hasta lo que nos parece lo peor es fecundo a sus ojos y porque Él nos ama.
Unámonos a la Madre de Dios y a ella pidamosle, como mamita linda que es, que nos ayude con su poderosa intercesión a hacer siempre lo que Dios nos diga. Amén!
sábado, 14 de septiembre de 2013
EXALTACIÓN DE LA CRUZ
Nos dice el Señor Jesús que todo aquel que quiera ser su discípulo que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y lo siga. En estas simples palabras se encierra la gran y perfecta invitación y vocación al seguimiento de Cristo.
No es por lo mucho que hagamos que podremos llamarnos verdaderos seguidores, sino que la medida será la capacidad de renuncia a nosotros mismos y el amor a la cruz.
La renuncia a nosotros mismos es un trabajo cotidiano que todo cristiano debe cargar en su curriculum vitae, el cual es a modo de experiencia laboral por así decirlo, cuando nos presentemos delante del Señor con todo lo que somos y todo lo que tenemos para pedirle que nos permita seguir sus pasos.
Es el trabajo arduo, y dichoso a la vez, que nos va modelando y moldeando la nueva imagen que como cristianos debemos reflejar: a más renuncias más Cristos.
No podemos ponernos en el camino si no tomamos conciencia de esta radical opción de renuncia, que no solo compromete el carácter, sino que compromete toda la persona, inclinaciones, gustos, anhelos, opiniones y sabiduría humana. Renunciar a nosotros mismos es configurar nuestra voluntad con la voluntad de Dios.
Y en este trabajo cotidiano contamos con la Gracia de Dios que capacita a quienes nos decidimos por Él, es la Gracia que actúa en nuestra naturaleza la que va haciendo crecer los músculos actuantes en las renuncias, porque se necesita fuerza y esfuerzo, pero se necesita mucho más a Dios y su Gracia Santificante.
Bien podemos decir que es un porcentaje mínimo requerido de nuestra parte que es la DECISIÓN y el resto lo hace el Señor que provee la ACCIÓN.
Y esto es gratificante, saber que Dios nos pide algo que es difícil y complicado, pero sin embargo nos capacita para que podamos responder. Por lo tanto, todo el que se decide a renunciar a sí mismo para seguir a Cristo lo puede hacer verdadera, eficaz y libremente acompañado de la Gracia y el Poder de Dios.
Y la renuncia en sí misma ya se torna en cruz, la renuncia ya es cruz, la renuncia ya nos revela la cruz y el sufrimiento, pero también nos revela la satisfacción de la salvación y la alegría de la elección.
Cristo padeció por cada uno de nosotros, si bien San Pablo nos dice en una de sus cartas que Cristo aceptó la cruz cargándola por nosotros, y que sin cambiar su condición de Dios se hizo uno de nosotros, para la gloria del Padre; así nosotros RENUNCIANDO a lo que somos y queremos, nos ofrecemos con Cristo en su cruz para mayor gloria del padre.
En Cristo no tenia ninguna razón de ser la renuncia porque Cristo es Dios, y como Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros, y se entregó en la cruz. Y esa fue nuestra salvación, con su pasión y cruz nos dio vida, nos mostró a toda la humanidad de lo que es capaz de hacer Dios por amor.
Ahora bien, nosotros criaturas, seres humanos, pequeños, sí necesitamos cambiar, necesitamos renunciar a lo que somos para completar la ofrenda de Cristo. Ofrenda demasiado perfecta para que la naturaleza humana y pecadora nuestra se pueda unir, por lo que Jesús mismo nos invita entonces a renunciar a nosotros mismos y luego cargar la cruz.
La cruz es una bendición, la cruz es el primer paso para resucita, la cruz es la gloria de dios que le muestra al mundo que ha sido vencido, le dice a la muerte que ya no tiene prioridad y le confirma al demonio que hay un ÚNICO Y SOLO DIOS y que es El que murió y resucitó y que vive por los siglos de los siglos.
Y en este Misterio tan inmenso e infinito, como es Dios mismo, tenemos participación nosotros, pequeños hijos de Dios, simples criaturas. En este misterio estamos insertos en esos momentos de aflicción, de dolor, de enfermedad, de pruebas, en esos momentos de los cuales queremos librarnos a como de lugar, justamente en esos momentos especiales es cuando estamos más unidos a Cristo, renunciando a nosotros mismos y recibiendo la vida de Dios con mayor potencialidad.
¡Qué difícil se nos hace ver este misterio de amor! Pero aunque no lo veamos, aunque no lo entendamos, aunque lo rechacemos, de todos modos el misterio es misterio y el amor es amor, y sigue sucediendo y brindándose para nosotros en plenitud y eso es lo maravilloso.
Gracias Señor por esta invitación y gracias por tanto amor a través de las cosas que no nos gustan en nuestra vida. Amén!
No es por lo mucho que hagamos que podremos llamarnos verdaderos seguidores, sino que la medida será la capacidad de renuncia a nosotros mismos y el amor a la cruz.
La renuncia a nosotros mismos es un trabajo cotidiano que todo cristiano debe cargar en su curriculum vitae, el cual es a modo de experiencia laboral por así decirlo, cuando nos presentemos delante del Señor con todo lo que somos y todo lo que tenemos para pedirle que nos permita seguir sus pasos.
Es el trabajo arduo, y dichoso a la vez, que nos va modelando y moldeando la nueva imagen que como cristianos debemos reflejar: a más renuncias más Cristos.
No podemos ponernos en el camino si no tomamos conciencia de esta radical opción de renuncia, que no solo compromete el carácter, sino que compromete toda la persona, inclinaciones, gustos, anhelos, opiniones y sabiduría humana. Renunciar a nosotros mismos es configurar nuestra voluntad con la voluntad de Dios.
Y en este trabajo cotidiano contamos con la Gracia de Dios que capacita a quienes nos decidimos por Él, es la Gracia que actúa en nuestra naturaleza la que va haciendo crecer los músculos actuantes en las renuncias, porque se necesita fuerza y esfuerzo, pero se necesita mucho más a Dios y su Gracia Santificante.
Bien podemos decir que es un porcentaje mínimo requerido de nuestra parte que es la DECISIÓN y el resto lo hace el Señor que provee la ACCIÓN.
Y esto es gratificante, saber que Dios nos pide algo que es difícil y complicado, pero sin embargo nos capacita para que podamos responder. Por lo tanto, todo el que se decide a renunciar a sí mismo para seguir a Cristo lo puede hacer verdadera, eficaz y libremente acompañado de la Gracia y el Poder de Dios.
Y la renuncia en sí misma ya se torna en cruz, la renuncia ya es cruz, la renuncia ya nos revela la cruz y el sufrimiento, pero también nos revela la satisfacción de la salvación y la alegría de la elección.
Cristo padeció por cada uno de nosotros, si bien San Pablo nos dice en una de sus cartas que Cristo aceptó la cruz cargándola por nosotros, y que sin cambiar su condición de Dios se hizo uno de nosotros, para la gloria del Padre; así nosotros RENUNCIANDO a lo que somos y queremos, nos ofrecemos con Cristo en su cruz para mayor gloria del padre.
En Cristo no tenia ninguna razón de ser la renuncia porque Cristo es Dios, y como Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros, y se entregó en la cruz. Y esa fue nuestra salvación, con su pasión y cruz nos dio vida, nos mostró a toda la humanidad de lo que es capaz de hacer Dios por amor.
Ahora bien, nosotros criaturas, seres humanos, pequeños, sí necesitamos cambiar, necesitamos renunciar a lo que somos para completar la ofrenda de Cristo. Ofrenda demasiado perfecta para que la naturaleza humana y pecadora nuestra se pueda unir, por lo que Jesús mismo nos invita entonces a renunciar a nosotros mismos y luego cargar la cruz.
La cruz es una bendición, la cruz es el primer paso para resucita, la cruz es la gloria de dios que le muestra al mundo que ha sido vencido, le dice a la muerte que ya no tiene prioridad y le confirma al demonio que hay un ÚNICO Y SOLO DIOS y que es El que murió y resucitó y que vive por los siglos de los siglos.
Y en este Misterio tan inmenso e infinito, como es Dios mismo, tenemos participación nosotros, pequeños hijos de Dios, simples criaturas. En este misterio estamos insertos en esos momentos de aflicción, de dolor, de enfermedad, de pruebas, en esos momentos de los cuales queremos librarnos a como de lugar, justamente en esos momentos especiales es cuando estamos más unidos a Cristo, renunciando a nosotros mismos y recibiendo la vida de Dios con mayor potencialidad.
¡Qué difícil se nos hace ver este misterio de amor! Pero aunque no lo veamos, aunque no lo entendamos, aunque lo rechacemos, de todos modos el misterio es misterio y el amor es amor, y sigue sucediendo y brindándose para nosotros en plenitud y eso es lo maravilloso.
Gracias Señor por esta invitación y gracias por tanto amor a través de las cosas que no nos gustan en nuestra vida. Amén!
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