Siempre hemos conocido a través de la catequesis que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, que el ser humano es la obra culmen de la creación.
Sabemos también que el ser humano no es una criatura más, sino que somos hijos de Dios. Dios nos hecho sus hijos a través del Sacramento del Bautismo.
Todas las verdades de Fe que la Iglesia nos enseña ¡Las sabemos! y en parte es muy bueno tener conocimiento, porque cuando uno sabe algo eso implica que puede hacer opciones, que puede actuar en consecuencia, que puede disfrutar de una verdad y hacerla realidad.
Entonces, el punto es que contamos con esa imagen de Dios, pero no siempre se vislumbra en nosotros esa realidad. Pocas veces podemos ver la imagen de Dios en el ser humano actual, no digo en todos, pero sí en una gran mayoría.
La imagen del ser humano hoy en día es el egoísmo, la envidia, la violencia, la competencia, la avaricia, la injusticia, la falta de amor, de sinceridad, de respeto, las incoherencias, la mentira, la falsedad y bien podemos seguir haciendo una larga lista de la imagen que estamos dando como hijos de Dios.
Es necesario, es urgente, que los que decimos saber, conocer, amar y servir a Dios cambiemos esa imagen anteponiendo el verdadero testimonio de amor y entrega. Es necesario que levantemos la voz y la vida misma, que digamos con palabras y obras, que dejemos ver la imagen de Dios en nosotros.
Esa imagen de paz, de solidaridad, de fraternidad. Esa imagen de bondad, misericordia, perdón, Imagen de cuidado y de atención al hermano, imagen de justicia. Esa imagen de lo que Dios es y de lo que Dios ha puesto en nuestro corazón a través de su Gracia.
Es tiempo que dejemos de pensar, como siempre les digo, en la imagen que me transmite el otro y preocuparme por la imagen que yo estoy dando, por lo que yo transmito, por mi propio testimonio.
Es hora de comprometernos de verdad en el seguimiento de Cristo, es hora de decir que somos cristianos, hijos de Dios, hijos de la luz, seguidores del Maestro con nuestra vida. Es hora de callar los grandes y bonitos discursos y empezar a vivir, a dar testimonio, a contagiar de lo que estamos convencidos que somos: ¡Hijos de Dios! Amén.
Te invito a dedicarle tiempo a la lectura espiritual, es de gran provecho para el alma... ¡ANIMATE A LEER!
Buscar este blog
Mostrando entradas con la etiqueta cristianos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cristianos. Mostrar todas las entradas
miércoles, 22 de abril de 2015
lunes, 14 de octubre de 2013
MEDIOCRIDAD
Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! (Apoc.3, 15)
Frase salida de la Boca del Señor y dura como pocas, pero cierta, verdadera y pronunciada con el fin de llamarnos la atención respecto a nuestra vida, decisiones, situaciones y elecciones.
Verdaderamente, el Señor, como Padre amoroso y delicado, nos va mostrando el camino a seguir y muchas veces, necesariamente, lo hace de forma dura, clara y precisa. Es en estos momentos donde nosotros, como hijos obedientes, necesariamente también, deberíamos sentirnos obligados en conciencia a dar una respuesta y a experimentar un profundo cambio en nuestra vida para su gloria.
Ni frío, ni caliente, ni alegre ni triste, ni rico ni pobre, ni comprometido ni perezoso, ni valiente ni cobarde... NI.. NI.. ¡Ojalá fuéramos definidos! ¡Ojalá fuéramos hijos de Dios! ¡Ojalá fuéramos cristianos! Pero como dice el Señor ni una cosa ni la otra, más bien un poquito de todo como un almacen de ramos generales y, mis hermanos, en la vida cristiana no se puede tener un poquito de todo si no más bien tener el TODO que es DIOS y solo EL. En el seguimiento de Cristo las medias tintas son solo eso, medias tintas, y con las medias no hacemos nada porque en cualquier momento podemos quedarnos sin nada. Los matices están buenos, pero vivir matizados no! vivir en el medio no sirve, porque el medio es eso, medio y Dios nos invita a COMPLETARNOS. Completarnos, estar repletos de EL, ser a su medida: "SANTOS PORQUE DIOS ES SANTO".
La MEDIOCRIDAD no puede ser el motor de nuestro seguimiento, mucho menos si pretendemos dejar huellas, evangelizar, contagiar. La mediocridad puede llegar a marcar una huella en la arena que con un soplido de viento se borra, o sube la marea y se la lleva. la mediocridad es eso: medio ocre, ni marrón ni ocre, es una cosa parecida a lo uno y a lo otro pero no es nada. Y ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo permaneceremos en la mitad? En la vida cristiana o se adelanta o se atrasa, pero el estancamiento lo único que produce es frenar la obra de Dios y eso no nos conviene para nada.
Es tiempo de definición, es tiempo de certezas, es tiempo de respuestas jugadas, es tiempo de dejarnos de andar como una luz de giro, que si y que no, que ahora me gusta y que mañana dejó de gustarme, que hoy hablo y que mañana me callo, que hoy soy cristiano y que mañana soy esclavo de las pasiones, que hoy me juego por Cristo y que mañana me escondo. Esto no es a la medida de Dios y esto no es el Reino de Dios.
Y la mediocridad, la indecisión, la tibieza cansa, agota, deja sin fuerzas y causa desaliento. Porque genera y tira y afloje interior que nos desgasta. Una buena respuesta dada correctamente a tiempo produce la libertad de los hijos de dios. la indecisión provoca esa inestabilidad que nos hace flaquear y hasta caernos, porque cuando nos dimos cuenta no sabemos siquiera donde estamos parados. Y ¿acaso es eso lo que queremos? ¿Acaso es eso lo que Dios se merece? ¿Acaso para eso hemos sido llamados? Si en tu vida estas experimentando desaliento o demasiado cansancio preguntate, hace un verdadero y profundo examen de conciencia ¿Estoy siendo frio o caliente? o ¿TIBIO? ¡Cuidado! esto puede ser un gran alerta para darte cuenta de que tu vida en este momento está en el medio y, aunque suene duro, hasta puede estar en el medio de la nada.
Para tener en cuenta sobre la personalidad mediocre: Usa mucho la mentira para salir airoso de situaciones a las cuales no se quiere enfrentar; Tiene Miedo a enfrentarse con la realidad; Vive la vida tal como viene teniendo un pensamiento asi como "es lo que hay" "hago lo que puedo" "hasta aquí llego yo"; Siempre tiene una excusa para todo, aún para no aceptar los errores y/o correcciones; Usa un lenguaje pobre, grosero, hueco; Vive pendiente de los demás, de lo que hacen o dejan de hacer, perono es capaz de verse a sí mismo y cambiar; son algunas de las cuestiones a tener en cuenta entre muchas otras.
Pidamosle al Señor que nos de la gracia de definirnos y asumir una personalidad verdaderamente cristiana para su mayor gloria y felicidad nuestra. Amén
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
