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martes, 31 de diciembre de 2013

BALANCE

Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver" (mT. 25, 34-36)

Como nos dice San Juan de la Cruz: "En el atardecer de la vida seremos examinados en el amor"

Cuando nos planteamos un balance, ya sea anual, ya sea mensual o simplemente el examen de conciencia diario, donde vemos lo que hemos errado y la necesidad de cambiar que tenemos, siempre hay una base sobre la cual podemos equilibrarnos y es el AMOR.

No es llenarnos de culpas por lo que no hicimos, no es cargarnos de pesares por lo que podríamos haber hecho, no es ahora mirar hacia atrás y ver con descontento que tal vez pasamos otro año, o día, sin hacer o sin decir, o sin realizar lo que nos correspondía; más bien es el momento oportuno de ver todo lo que hicimos y ponerlo en la balanza del amor, para tener en cuenta todo eso que hicimos cuánto amor ocupamos en hacerlo. Es decir, con cuanto amor hice todo lo que hice. Con cuanto amor vivi todo lo que viví.

No es lo mucho que se haga, no es la cantidad de palabras que se digan, no es los logros o éxitos que obtuve a lo largo del año, sino más bien cuanto amor puse en la construcción de mi vida, cuanto amor salió de la mi boca al proferir palabras, cuánto amor puse para disfrutar y lograr lo que logré.

Si el amor no tiene primacía en nuestra vida, entonces ni siquiera es necesario hacer balance. Porque lo primero es el amor y luego todo lo demás. Así lo dice San Pablo, que aunque moviéramos montañas a causa de la fe que tenemos, si nos falta el amor solo sería una inútil hazaña.

Tomemos la balanza y equilibremos bien nuestras obras, por pocas que sean, si hay amor, pesarán lo suficiente para ser una ofrenda agradable al Señor. Amén

sábado, 21 de diciembre de 2013

¡SABIENDO QUE SOMOS TUYOS!

"Pero tú, oh Dios nuestro, eres bueno y veraz; tú eres paciente y gobiernas el universo con misericordia. Aunque pequemos, somos tuyos, pues reconocemos tu poder; pero, sabiendo que somos tuyos, evitaremos el pecado" 
(Sab.15, 1-2)

¡Dios nuestro eres Bueno y Veraz! Qué grato recordarnos cada día de la bondad de Dios y de su veracidad. En dios no hay dobleces, no hay contrasentidos, no hay excesos de palabras inconclusas, en Dios no existe mentira alguna y tampoco existen falsas expectativas. En Dios todo es correcto, sano y verdadero. Digno de toda confianza y entrega.
Y Dios es Bueno, así como lo dijo Jesús: "¿Por qué me llamas bueno?, nadie es bueno sino solo DIOS" (Mc.10, 18). Solo Dios es Bueno con la virtud infinita de la Bondad. 

Bondad es la cualidad de bueno, hace referencia a lo útil, agradable, apetecible, gustoso, divertido que puede adornar la vida de la persona en la cual radica la bondad. Como decimos "bonachón". Una persona bondadosa tiene una inclinación natural para hacer el bien. Siempre se mantiene dispuesta a ayudar a quien sufre, a quien necesita, es una persona compasiva, amable y generosa. Y todo esto lo encontramos en Dios en su perfección.

Como seres humanos puede que seamos bondadosos, pero siempre tiene un pequeño desperfecto que es la tendencia al egoísmo, a la reciprocidad, a la gratitud que se nos debe, o simplemente porque siempre, queramos o no, estamos pendientes o a la espera de que se nos agradezca o se nos considere buenas personas por lo que hacemos. Poco o mucho, se exprese o no, es nuestra realidad que necesitamos ser reconocidos y aceptados.

En cambio, en Dios, radica es verdadera Bondad, la Bondad perfecta, la que da sin esperar, la que se regala porque sobreabunda y desborda, la que está siempre y la que no falla. Ese es Dios ¡DIOS ES BUENO!

"Tú eres paciente y gobiernas al mundo con Misericordia". La paciencia y la misericordia de Dios son infinitas y están a nuestra disposición, tal vez es por esto que muchas veces abusamos. Pero Dios es paciente, Dios sabe esperar, y todo lo hace Bien. Su gobierno es de misericordia, es decir, teniendo en cuenta nuestra condición pecadora y el deseo del corazón humano de reposar en EL. Dios sabe todo lo que nos acontece, sabe de nuestras luchas, sabe de nuestras caídas y valora con misericordia nuestra fortaleza para levantarnos y seguir adelante. Y no solo valora, sino que se muestra propicio para ayudar, para dar su mano, para poner su corazón que es amor en nuestra miseria que es pecado.

Pero lo mejor de todo, es que "Aunque pequemos, somos tuyos, pues reconocemos tu poder; pero, sabiendo que somos tuyos, evitaremos el pecado"
Esta es la mejor decisión de los hijos de Dios. Reconociendo el amor, la bondad, la verdad, la paciencia y la misericordia y el poder que hay en Dios, tomar la decisión de pertenecerle. 

Sabemos que somos tuyos dice la palabra, aún pecadores; somos de Dios, somos sus hijos, somos su hermosa creación, somos sus amados. Nuestros pecados no producen que Dios deje de amarnos, con el pecado somos nosotros los que decidimos alejarnos de Dios, pero su amor por cada uno sigue intacto ¡DIOS ES AMOR!

Pero cuando reconocemos lo que Dios es y lo que Dios quiere ser en nuestra vida, cuando reconocemos la grandeza del Dios de nuestra vida, cuando tomamos conciencia de quien verdaderamente es nuestro Dios, entonces ahí surge la decisión de santidad: "Sabiendo que somos tuyos evitaremos el pecado" ¡Qué impresionante! ¡Qué simple! Y tan complicado que lo hacemos nosotros.

Evitar el pecado es vivir la vida de Dios, es decirle al Señor con nuestras obras ¡Soy tuyo! ¡Soy tuya! Es demostrarle que nos hace feliz ser de su pertenencia, tener un lazo de familia con Él. Eso es dejar atrás el pecado, eso es el camino de conversión, eso es lo que cada uno, cuando dice conocer a Dios, cuando dice haber tenido un encuentro personal con Dios ya no puede seguir en lo mismo, tiene urgencia de un cambio. Ya no se conforma con decir soy así y así me quedo, al que le gusta bien y sino también, porque tiene una idea más alta, ya no busca agradar a los hombres, sino que porque tiene conciencia de que es de Dios evita el pecado e intenta agradar a su DIOS.

Ahora debemos preguntarnos, si todavía la conversión no ha empezado en nuestra vida o va demasiado lenta, si el egoísmo y la comodidad nos adornan ¿Hemos tenido un encuentro con Dios? ¿Nos hemos dado cuenta que somos de Él?

Nos dice Santiago: "Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras" (ST.2, 18); es como decir muéstrame tu conversión con palabras que yo te la mostraré con mi amor a Dios. Amén


jueves, 19 de diciembre de 2013

DIVINO NIÑO

Te diré mi amor, Rey mío, con una mirada suave, te lo diré contemplando tu cuerpo que en pajas yace 
(Himno de vísperas en tiempo de Navidad)

El Rey altísimo, el sol que nace de lo alto, el Príncipe de la paz, con cada uno de los nombres que fue anunciado el Redentor, Jesucristo, Nuestro Señor; y viene a nosotros de una manera tan pequeña y tan grande al mismo tiempo.

Viene Dios, así lo anunció el ángel a María, "Tu hijo es Santo, su Nombre Emmanuel". Dios con nosotros. Jesús, Dios que salva. Mesías, Ungido.

Dios es Dios y en su grandeza siempre nos muestra la humildad que lo adorna, siempre busca maneras simples y delicadas de mostrarnos quien es en verdad, como es en verdad, y como quiere que sus hijos seamos a su imagen y semejanza.

Un pequeño, un niño, un indefenso. Un grande, todo un Dios, el Todopoderoso. 
Sin casa, sin cuna, sin espacio para Él. Dueño del cielo y la tierra, Incontenible, eterno Dios.
Sin ropas, sin abrigo, con frío. Dios providente que acude en respuesta a las necesidades.

Todo en Dios parece una contradicción a la mente humana, más bien, es una contradicción a la mente humana que se hace un Dios según sus pensamientos y formas de sentir, que se arma un Dios según sus fuerzas o sus razones, que cree en un Dios de acuerdo a sus peticiones y respuestas ¡Qué distinto es el pensamiento de Dios! ¡Qué grande es! ¡Qué tremendo su amor!

Quien de nosotros no ha pensado alguna vez que Dios podría habernos salvado de cualquier manera, con una simple palabra, más bien, su Palabra se Encarnó, más bien quiso hablarnos en carne humana, más bien quiso hacerse escuchar como uno de nosotros, con nuestro lenguaje, con nuestra forma, con nuestros pesares, con nuestro crecimiento progresivo, y sin dejar de ser Dios. No dejó su condición divina, pero no hizo alarde de ella, nos dice San Pablo. No dejó de ser el Verbo Eterno del Padre Creador, que al pronunciarse dió vida, más bien se encarnó por voluntad del Padre para pronunciar una vez más la vida y así lo dijo: "Soy el camino, Soy la Verdad y soy la vida"

Y en su nacimiento ya nos mostró el Sacrificio con el cual seríamos redimidos, nos mostró el valor de la cruz, nos mostró la gran salvación que trae consigo el dolor y las privaciones. Nos mostró que su soledad iba a ser en muchas ocasiones. Nos mostró que sería su Madre, quien lo recibió en sus brazos sería quien lo acompañaría en el dolor del Sacrificio. La cruz es un pesebre y el pesebre es cruz.

Dice el himno: su Cuerpo que en pajas yace, premisa de su padecimiento en los azotes, su espalda castigada por la paja recién nacido, su cuerpo castigado por los azotes en su pasión. Su Madre admirando su nacimiento y su Madre admirando su padecimiento, y en ambos caso sin poder hacer otra cosa que admirar, contemplar y guardar en su corazón.

Y así mismo, Dios no renegó de ser humano, no renegó de compartir con nosotros, no reniega aún ahora por nuestra indiferencia, no renegará jamás porque Dios es amor. Y es ese Amor el que mueve su corazón para el bien de cada uno de nosotros, y lo seguirá haciendo, porque Dios no puede renegar de su misma esencia, Dios no puede dejar de amar porque es amor. Su gran amor se glorifica en la misericordia que nos tiene, en cada acontecimiento Dios es capaz de poner su corazón en nuestra miseria, levantarnos y decirnos que vale la pena seguir, porque para EL, pase lo que pase, vale la pena amarnos.

¡Navidad es amor! Principio del amor humanado, principio del cumplimiento de la Promesa de salvación, Dios que se acerca y nos toca la humanidad, así como si nos tocara el hombro y nos dice: ¡No lo olvides, YO TE AMO!