Te invito a dedicarle tiempo a la lectura espiritual, es de gran provecho para el alma... ¡ANIMATE A LEER!
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sábado, 3 de noviembre de 2012
Vivir la FE
"Proclamen la grandeza de su Nombre, denle gracias y alábenlo con toda clase de cantos y música de arpas, aclámenlo con estas palabras: TODO LO QUE DIOS HA HECHO ES BUENO. Él, a su tiempo, provee a todas las necesidades" (Eclo.39, 15-16)
La vida de Fe no es solamente creerle a Dios en los momentos buenos, tampoco es creerle a Dios en los tiempos de necesidad. La vida de FE es vivir adheridos totalmente y sin dudas a su plan de amor. Lo bueno, lo malo, lo mínimo y lo máximo; absolutamente todo nos sirve para el bien a quienes seguimos sus pasos. Por eso y para eso es la FE.
Si decimos que tenemos FE, la única forma de probarlo, es vivir unidos a Dios siempre y en todo momento. No son las palabras que expresemos lo que denotará nuestro grado de FE, sino nuestras decisiones unidas a Cristo siempre y en todo lugar, en cada momento y circunstancia.
Entonces, creer es parte de la vida, no se cree porque se ve, no se cree porque se recibe, se cree porque DIOS ES DIGNO DE FE, Dios es digno de toda confianza, porque Él es Dios y eso basta.
Una FE firme sobrevive y se fortalece tanto en la adversidad como en la alegría. Porque no depende de lo que sucede sino que depende de DIOS Y DE SU SER DIOS en nosotros.
Bendito y alabado, Dios mío, por todo lo que permites para mi vida, porque cada momento tengo la oportunidad de decirme a mi misma DIOS ES EL IMPORTANTE, lo demás está de más... ¡Aleluya!
jueves, 1 de noviembre de 2012
¡FELIZ DÍA DE LA SANTIDAD!
SANTIDAD! ¿Qué es la santidad? ¿Para quien es la santidad?
La Santidad es el estado del alma enamorada de Dios que vive por Él y para Él, libre de ataduras mundanas y apegos innecesarios ¿Demasiado? Bueno, no se preocupen, si yo leo y releo lo que acabo de escribir también me asusto!
La Santidad es mucho más simple, si bien es lo que antes expresé, pero lo puedo decir en palabras más concretas: ES AMAR A DIOS.
Quien ama a Dios busca agradarlo, hacer su voluntad, obedecerle, vivir como Él quiere, mantener la comunión con Él. Quien ama a Dios se mantiene en su camino, acepta su plan, disfruta de su vida. Quien ama a Dios vive feliz con lo que Dios le propone, es decir, mira la vida con los ojos de Dios, vive lejos de las preocupaciones y trata de estar en toda circunstancia en la presencia de su amado.
Quien ama a Dios busca ser mejor cada día, intenta reflejar ese amor y demostrarlo a todos, vive con intensidad dando testimonio de su felicidad.
Por eso, la santidad no es grandes definiciones ni complicaciones, la santidad tampoco consiste en grandes sacrificios o una acumulación de milagros, la santidad es simplemente amar a Dios, como dice la Palabra: con todo el corazón y con todas las fuerzas de nuestra alma. Es tener a Dios en primer lugar y tener la plena conciencia de que Él es IMPORTANTE.
Nuestros hermanos, los santos, nos mostraron la simplicidad de vivir en Dios: SOLO DIOS BASTA! MI DIOS Y MI TODO! BASTA QUE DIOS SEA DIOS! QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA!... ese fue el camino de santidad que hicieron.
No se santificaron por mirar hacia arriba o tener el cuello torcido por las contemplaciones, se santificaron porque al descubrir el gran tesoro que es Dios, vendieron todo y lo adquirieron ¿Qué significa esto? Que descubriendo que solo Dios basta se despojaron de todo lo que no sea Dios en sus vidas y caminaron en su presencia. Caminaron!!! con los pies bien plantados en la realidad de su época, con la sociedad que les tocó, con las necesidades lógicas de todo ser humano, CAMINARON!!!! VIVIERON!!! EXISTIERON!!! pero con DIOS!!!
Eso es santidad. Vivir en la realidad, ser seres presentes, seres que viven, que disfrutan, que respiran, que existen... pero con Dios.
Y cuánto más se podría decir ¡DIOS MIO! y sin embargo, no es necesario decir nada más. Lo necesario no es explicar la santidad con palabras, sino contarle a nuestra vida que cada día y a cada instante LE PERTENECE A DIOS Y PARA ÉL VIVE.
¡¡MUY FELIZ DÍA A TODOS LOS SANTOS, A TODOS USTEDES, QUE PASO A PASO
INTENTAN RESPONDERLE AL SEÑOR!
miércoles, 31 de octubre de 2012
Sanar el corazón
Somos seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, creados en perfección, pero lastimados desde el principio por la desobediencia de nuestros primeros padres. Desde entonces, nuestra humanidad quedó frágil y supeditada a acarrear heridas interiores, que obviamente, el Creador solo puede sanar.
Esa perfección con la cual fuimos creados es el amor de Dios, el amor de un Dios que nos mira como a sus preciosos, como a sus hijos amados, no somos solo creación, somo mucho más que eso, nos dio su imagen, nos dio su semejanza, nos dio lo mejor de lo mejor, nos dio voluntad y libertad.
No es en el uso, sino en el abuso, de la libertad y la voluntad donde nosotros nos dañamos, nos rasguñamos el alma y adolecemos de esas heridas que nos marcan y condicionan en nuestro caminar. Pero cabe aclarar, que no solo el abuso de nuestra propia libertad, sino que nuestra perfección de criaturas de Dios puede ser dañada por los demás también y desde antes de nacer.
Pero tenemos la gracia, el privilegio, de poder ser sanados, liberados, cicatrizados y renovados por el poder sanador de Dios. Él, que conoce el interior de cada uno, Él que sabe cómo, dónde y cuándo nos suceden las cosas, Él que todo lo puede y todo lo ve, es quien viene en nuestro auxilio para devolvernos esa perfección interior, para devolvernos su vida en nuestra vida.
Dios nos quiere sanos, y espera que busquemos esa salud solo en Él, fuente de todo bien.
Solo en Dios reposa nuestra alma, solo en Dios encuentra reposo el corazón herido y cansado de sufrir, y está inquieto hasta que no se encuentra con su Dios sanador y liberador. Es Dios quien con su amor, como con un santo bálsamo, inunda el interior del ser humano para darle nueva vitalidad y renovarlo todo. Con Dios se puede comenzar de cero, se empieza siempre de nuevo, pero sin rasguños, con Dios se comienza como volviendo a nacer, una y otra vez.
¿Quién no quiere estar libre y sano para ser feliz? entonces ¿Por qué no buscar a Dios para que haga su obra y cambie nuestro existir? ¿Por qué muchas veces se busca erróneamente? ¿A qué se le teme? ¿Acaso qué nos pedirá Dios que no queremos entregarle?
Esa perfección con la cual fuimos creados es el amor de Dios, el amor de un Dios que nos mira como a sus preciosos, como a sus hijos amados, no somos solo creación, somo mucho más que eso, nos dio su imagen, nos dio su semejanza, nos dio lo mejor de lo mejor, nos dio voluntad y libertad.
No es en el uso, sino en el abuso, de la libertad y la voluntad donde nosotros nos dañamos, nos rasguñamos el alma y adolecemos de esas heridas que nos marcan y condicionan en nuestro caminar. Pero cabe aclarar, que no solo el abuso de nuestra propia libertad, sino que nuestra perfección de criaturas de Dios puede ser dañada por los demás también y desde antes de nacer.
Pero tenemos la gracia, el privilegio, de poder ser sanados, liberados, cicatrizados y renovados por el poder sanador de Dios. Él, que conoce el interior de cada uno, Él que sabe cómo, dónde y cuándo nos suceden las cosas, Él que todo lo puede y todo lo ve, es quien viene en nuestro auxilio para devolvernos esa perfección interior, para devolvernos su vida en nuestra vida.
Dios nos quiere sanos, y espera que busquemos esa salud solo en Él, fuente de todo bien.
Solo en Dios reposa nuestra alma, solo en Dios encuentra reposo el corazón herido y cansado de sufrir, y está inquieto hasta que no se encuentra con su Dios sanador y liberador. Es Dios quien con su amor, como con un santo bálsamo, inunda el interior del ser humano para darle nueva vitalidad y renovarlo todo. Con Dios se puede comenzar de cero, se empieza siempre de nuevo, pero sin rasguños, con Dios se comienza como volviendo a nacer, una y otra vez.
¿Quién no quiere estar libre y sano para ser feliz? entonces ¿Por qué no buscar a Dios para que haga su obra y cambie nuestro existir? ¿Por qué muchas veces se busca erróneamente? ¿A qué se le teme? ¿Acaso qué nos pedirá Dios que no queremos entregarle?
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